miércoles, 16 de enero de 2013

ESTEBAN IPARRAGUIRRE ERRO


En el fútbol moderno el puesto de portero es el de un auténtico especialista. No se concibe que no disponga de un entrenamiento acorde al puesto. La mejora de materiales, campos y profesionales preparados para ello, ponen el resto.

No era así hace años, cuando los guardametas se entrenaban como podían entre ellos, en una esquinita para no molestar mucho evolucionaban como podían, sin medios ni preparación específica se calentaban y entrenaban “de oído”. Verdaderos héroes de los que nadie (o casi) se preocupaba, únicamente se ocupaban de ellos cuando hacían un partido memorable o lo contrario. Parafraseando a  Luis Llopis (Entrenador de porteros del RCD Mallorca): “Tenemos que ser justos con los porteros, no se les puede pedir que hagan cosas que no han entrenado previamente”. Desgraciadamente esto fue así durante muchos años y afortunadamente todo esto también ha cambiado. Todas las acciones que pueden realizar en un partido tienen su entrenamiento específico y por supuesto la mayoría de los equipos cuentan con un profesional que se encarga de ello: El entrenador de porteros, algo que podía parecer ciencia ficción no hace demasiados años.

Desde que escribo este blog no terminan de llegarme sorpresas y bastantes alegrías. Cuando todo parece perdido llega la luz a modo de historia, una historia continua que parece no tener fin. Me emociono como un niño pequeño cuando descubro otra biografía que mostraros e inmediatamente la relato, para seguir engrosando las páginas de los grandes porteros que han poblado nuestras porterías en el País Vasco. Unas páginas escritas sobre el barro de antaño que poblaba nuestros terrenos de juego y donde el entrenamiento del portero brillaba por su ausencia.

El guardameta que hoy os presento fue posiblemente uno de estos esforzados atletas solitarios, solidarizado con su enemigo (bien entendido), el otro portero del equipo. Entre ellos hacían posible que tanto uno como el otro pudieran jugar de manera aceptable. Como ya digo, muchos profesionales que conozco han pasado por esta tesitura, tener un entrenamiento de portería nulo y que actuaban más por intuición que por preparación.

En el fútbol de hoy, el puesto más específico del equipo es el de portero. La misión del guardameta, aparte de ser vital, debe estar atendida por un jugador de condiciones especiales. De su mejor o peor calidad, se beneficiará o resentirá la línea defensiva y todo el resto del equipo.
De ahí que conjuntos de una calidad no muy significada, cuando cuentan con un gran portero, mantengan su posición entre los destacados.

Muchas veces estos porteros alcanzaban la fama casi por casualidad. En el caso de este guardameta causas de fuerza mayor a modo de escasa liquidez económica, hicieron que saltara al primer equipo de Osasuna y se instalara allí, al final por méritos propios completando muy buenas temporadas, exceptuando la última donde solo disputó tres encuentros.

ESTEBAN IPARRAGUIRRE ERRO, nació en Pamplona (Iruña),  el 14 de mayo de 1949.

Comenzó en el Pamplona Juvenil, de allí pasó a la Universidad Laboral de Tarragona, donde estuvo tres años. En el Izarra de Estella compitió un año para pasar a posteriori al equipo Amateur del Real Madrid por espacio de dos más, y  después recaló en Osasuna, para permanecer por un espacio de cinco temporadas en el equipo rojillo, jugando en Segunda División.

Osasuna, se encontraba entonces inmerso en plena marejada futbolística, pero con limitadas posibilidades económicas y debiendo cubrir otros puestos, que también tenían gran importancia, nunca gastó dinero en elevada cuantía para cubrir su portería. Parte de esta actitud estribaba quizá, en que de la cantera fueron saliendo elementos que; sin llegar a fenómenos cubrieron la meta con decoro, evitando urgencias en el fichaje de extraños.

Su entrenador decidió promocionar al portero que la temporada anterior había defendido a su equipo de promesas, lo recuperó para el primer equipo, y junto con Lalas e Illumbe formaron el trío de cancerberos del cuadro.

El entrenador Fernández Mora pensó inicialmente contar con Esteban Iparragirre para titular del equipo y sus actuaciones hasta aquel momento no hicieron más que confirmar el acierto de su decisión.
De buena planta atlética, de carácter alegre y sereno, inmunizado contra el desaliento y la desmoralización. Se mantuvo en el primer plano gracias a un trabajo constante de entrenamiento y entrega. Portentoso en las salidas y en su colocación.

Este bosquejo de su personalidad nos la relata el periodista de “El Mundo Deportivo” (Bendito periódico) y al que le he robado hábilmente este artículo.  En dicha entrevista Iparraguirre decía no querer parecerse a ningún portero conocido, únicamente coger un poco de todos ellos para llegar a ser único, un mejor portero.
A partir de 1979 le pierdo la pista, por lo que no sabría deciros si continuo jugando o colgó los guantes.

Hoy día su hijo Esteban Iparraguirre Erburu, también portero, juega en el equipo de Osasuna B.

Fuentes: Hemeroteca de “El Mundo Deportivo” y www.bdfutbol.com

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